Travestismo y transexualidad: Definiciones

La necesaria, pero aún insuficiente, aproximación de los organismos médicos internacionales.

Al hablar de transexualidad suelen surgir un buen número de interrogantes, debidos en su mayor parte al desconocimiento general sobre la cuestión que es, ni más ni menos, que uno de los efectos de la discriminación por parte de la sociedad que sufre este colectivo y que puede resumirse con el ya mencionado en esta columna «es diferente, no lo comprendo, miro hacia otro lado» que tan bien parece que se nos da en la actualidad. De entre todos estos interrogantes hay uno que puede llamar más la atención que los demás: ¿Qué es la transexualidad y cuándo «surge» por primera vez en la historia, teniendo en cuenta que el cambio de sexo requiere de un largo –y costoso- proceso médico sólo posible desde las últimas décadas?

travestismo trans

“la insistencia por parte de un individuo de ser del otro sexo no debe ser considerada delirante”

Para poder enfrentar la cuestión debemos acudir, en primer lugar, a la definición de transexualidad, término que fue acuñado por primera vez en 1953 por el endocrino Harry Benjamin . La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció por primera vez la transexualidad como un síndrome en 1977 y lo incluyó en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) dentro de la categoría denominada «trastornos de la identidad sexual», junto con otros dos síndromes diferenciados del primero bajo la denominación de «travestismo de rol doble» y «trastorno de la identidad sexual de la infancia». Pero, a pesar de que la inclusión de la transexualidad en el CIE fue sin lugar a dudas un gran avance en cuestión de reconocimiento para este colectivo, no supuso un fin al debate sobre la definición del concepto en el entorno médico. Así, mientras la OMS diferencia claramente entre travestismo, transexualidad y trastorno de identidad sexual de la infancia, no lo hace de igual modo una de las principales obras de referencia para la definición y diagnóstico, el «Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales» de la Asociación Psiquiátrica Americana, o DSM IV, que clasifica los tres síndromes mencionados dentro de la categoría de trastorno de identidad sexual, sin considerarlas claramente diferenciadas o excluyentes entre sí. Y, de nuevo, sin lugar a dudas, la inclusión de la transexualidad en esta importante obra de referencia supone un gran avance en cuanto a reconocimiento y visibilidad del colectivo, máxime cuando la obra reconoce clara y explícitamente que «la insistencia por parte de un individuo de ser del otro sexo no debe ser considerada delirante» . Y menos mal que lo reconocen, añado yo, aunque no resulte menos preocupante que la Asociación Psiquiátrica Americana crea que es necesario hacer tal reconocimiento explícito.

Llama la atención que, después de tanta aclaración de tipo médico y prácticamente legal sobre la transexualidad, seguimos sin tener una definición clara sobre la misma, más allá de estar reconocida por los principales organismos médicos a nivel mundial como un síndrome de tipo psiquiátrico relativo a la identidad sexual, diferente o no, según el organismo consultado, de otros síndromes relacionados. Entonces ¿Qué es? ¿Cómo se define? ¿Cuándo, según todos estos importantes organismos, es una persona transexual o no? Para hacernos una idea sobre su definición debemos remitirnos a lo que ellos llaman sintomatología de diagnóstico y que nosotros, en un lenguaje más llano, podríamos denominar características de la transexualidad según los principales organismos médicos, y entre las que destaca claramente la falta de coincidencia entre la identidad sexual y el sexo biológico, hecho que genera un padecimiento emocional, psicológico e incluso psiquiátrico y físico de distinto grado en la persona que se encuentra en dicha situación.

Partiendo de esta definición, de carácter médico, puede concluirse que transexual es aquella persona cuya identidad sexual no coincide con su sexo biológico, con independencia de si ha pasado o no por un proceso médico para adaptar sus características físicas a su identidad sexual, y esté dicho proceso finalizado o no. Al mismo tiempo, para la mayor parte de autores sobre la materia, y así lo recogen también los organismos médicos internacionales de forma más o menos explícita y necesaria para el diagnóstico del síndrome a efectos médicos, una de las principales características de la transexualidad es el rechazo de los genitales, que llegan a suponer una causa de sufrimiento o vergüenza y que, por ende, se extiende a la imposibilidad de disfrutar de ellos. Siendo esto así, según las principales referencias médicas a nivel mundial, existe una clara diferenciación entre transexualidad y otros de los llamados trastornos de la identidad sexual, como el travestismo, la homosexualidad y la intersexualidad.

el reconocimiento del hecho de que la transexualidad no tiene que ver con los gustos e inclinaciones sexuales sino con la identidad sexual

No obstante, todas las definiciones y clasificaciones mencionadas no han supuesto que exista consenso en el ámbito médico, especialmente en el psicológico y psiquiátrico, y a menudo no coinciden con la realidad social y son abiertamente rechazadas por buena parte de este colectivo. El debate que se abre en torno a la definición y concreción de la transexualidad es amplio y va desde la denominación más adecuada, el uso del género correcto para los transexuales, y el reconocimiento del hecho de que la transexualidad no tiene que ver con los gustos e inclinaciones sexuales sino con la identidad sexual del individuo y la no coincidencia de la misma con su sexo biológico.

Así pues, si bien es cierto que la transexualidad es, y seguramente seguirá siendo, tema de debate tanto médico como social, especialmente en el seno de este colectivo, también lo es que parece que, al menos, sí podemos extraer algunas conclusiones que, casi como siempre y en especial con los temas relacionados con el sexo, pasan por la necesidad de deshacernos de prejuicios y complejos individuales y sociales, apelar al imprescindible respeto y aceptar la diversidad como una riqueza y no un inconveniente. Partiendo de este punto es fácil ver que la transexualidad no tiene que ver con el proceso médico de cambio o adaptación del sexo físico a la identidad sexual, aunque la posibilidad de dicho proceso suponga un importante avance y una verdadera oportunidad para este colectivo, en el que, sin duda, hay que seguir trabajando. Del mismo modo podemos entender que «no se es transexual» una vez iniciado el proceso, sino por el hecho de sentir que el sexo biológico no coincide -no es el adecuado, el que corresponde al sentir del individuo- con el que se identifica.

También parece claro que «no se es más o menos transexual» por haber completado un proceso médico del comúnmente llamado cambio de sexo, ni se deja de serlo una vez finalizado dicho proceso. Pero, igualmente, queda patente que tampoco existe –ni debe existir- la obligación o la necesidad de hacer pública la condición de transexualidad más allá de los deseos del individuo, antes, durante o después del proceso de adaptación de las características físicas sexuales, menos todavía cuando como sociedad nos queda aún tanto camino que recorrer en lo que igualdad y no discriminación se refiere –otra cosa es que el camino legal para conseguir eso sea tan fácil como el simple hecho de decirlo-.

Y, finalmente, por si queda alguna duda, de todo ello se puede extraer que la transexualidad no es «una novedad histórica o social», por mucho que hasta hace muy poco tiempo no se dispusiera de la tecnología médica necesaria para emprender cualquier proceso de cambio de sexo, sino que en todo tiempo y sociedad han existido personas que han sentido que su sexo biológico estaba equivocado, que no coincidía con lo que sentían, con cómo se sentían. Y esta es, una vez más, una realidad tan vieja como el hombre que sólo últimamente nuestra sociedad empieza a enfrentar.

  • 1. Harry Benjamin, endocrinólogo principalmente conocido por ser pionero trabajando con la transexualidad y la disforia de género. Fuente: es.wikipedia.org/wiki/Harry_Benjamin (27/09/2013)
  • 2. La Organización Mundial de la Salud incluyó la transexualidad como síndrome médico en 1977 en una resolución adoptada en la XXIX Asamblea Mundial de la Salud. La CIE-10 o Clasificación Internacional de Enfermedades, décima versión, define tres trastornos diferentes de la identidad sexual: trastorno de la identidad sexual de la infancia, transvestismo de rol doble y transexualismo.
  • 3. El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales o DSM IV de la Asociación Psiquiátrica Americana clasifica la transexualidad dentro de los Trastornos de la Identidad Sexual.
  • 4. Pierre Pichot coordinador general (1995). DSM IV, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona, Masson.
  • 5. Las intersexualidades son patologías con bases fisiológicas, genéticas, biológicas, y que se definen por la existencia de contradicción de uno o más de los criterios morfológicos que definen el sexo (estructura cromosómica, gónadas, genitales internos y externos, caracteres sexuales secundarios), como por ejemplo el síndrome de Klinefelter, el síndrome del varón XX, el síndrome de Turner, la agenesia mülleriana, la agenesia gonadal, la disgenesia gonadal mixta y la pura, el síndrome de la super mujer XXX, el síndrome de doble YY (XYY), el hermafroditismo ginandroide, la masculinización idiopática, la hiperplasia suprarrenal congénita, etcétera.

ccerveratC. Cervera
Periodista y escritora independiente
www.diariodeunaescritora.com


  • Responder

    Miguel

    7 months ago

    Me ha gustado mucho como escribes. SE DEBERIA RESPETAR MAS A LAS PERSONAS SIN IMPORTAR SU SEXO.

Comenta lo que piensas, sin cesurasApreciamos la cortesía y la sinceridad. Gracias.

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