Libertad sexual

Esta es mi primera colaboración, de la que espero que sea una larga lista, con Erosguia. Aunque no estoy relacionada con la denominada industria del sexo más de lo que lo están la mayoría de las mujeres de nuestro país. Al menos, no directamente, pues mi vinculación con la cuestión es de tipo, digamos, literario. Soy escritora independiente y, entre otras muchas cosas, escribo literatura erótica, especialmente destinada a mujeres. Y os voy a confesar algo, escribir sobre sexo no es sencillo, aunque por lo general se piense lo contrario e incluso se menosprecie sobremanera cualquier tipo de obra narrativa de tema sexual. Lo cierto es que existen dos grandes problemas a la hora de enfrentarse a la cuestión, por un lado, la gran cantidad de tabúes, prejuicios, complejos y miedos existentes en la mayor parte de individuos y, por otro, y por increíble que parezca en esta época, el desconocimiento.

sexo y prostituciónEl sexo, y todo lo relacionado con él, sigue siendo una cuestión tabú en todos los sentidos imaginables. Por más destape y supuesta libertad sexual a la que nos creamos acostumbrados, lo cierto es que vivimos de espaldas a una realidad que existe, crece y se desarrolla en el seno de nuestra propia sociedad. Lo peor es que también vivimos de espaldas a una parte fundamental de nuestra naturaleza, porque nos guste o no, nos avergüence o no, el sexo forma parte de nosotros y excluirlo u ocultarlo no hará que eso cambie. Como mucho la ignorancia quizás empeore nuestra situación, como individuos y como sociedad.

El sexo es una realidad, y la industria en torno a él, en todos los campos, también. Y dentro de esa industria encontramos hechos tan dispares como el cine o la literatura, pasando por los espectáculos, los fetiches o juguetes, los establecimientos de servicios y los trabajadores sexuales. Aceptándola o no, esa industria en su conjunto es una de la que más dinero genera, aunque no existen estudios concretos y fiables al respecto más que para ciertos sectores de la misma, como el cine X. Y en muchos casos esos datos se silencian, como en el caso de la literatura erótica femenina, cuyos libros están mes tras mes entre los más vendidos de ficción pero en rara ocasión, salvo sonoras excepciones, son incluidos en las listas.

La realidad es que existe una demanda clara de productos y servicios relacionados de una u otra manera con el sexo por parte de la sociedad. Y dicha demanda se satisface, aunque generalmente no de forma clara ni mucho menos transparente porque la legislación que rige esa misma sociedad ha relegado todo lo relacionado con la industria sexual a un limbo legal. Con diferencia, los que salen peor parados de esta situación son los trabajadores y trabajadores sexuales y, más concretamente, las prostitutas.

Los medios de comunicación generalistas suelen ofrecer una imagen sesgada de la realidad de los trabajadores y trabajadoras sexuales, asociándola al tráfico de personas, la esclavitud, la marginalidad, las mafias, la drogadicción… Y en cualquier caso, esa realidad que también existe debe ser combatida. No obstante, esa no es toda la realidad, sino que también existe otra prostitución, la que es ejercida libre y voluntariamente por hombres y mujeres que no sólo saben lo que hacen y por qué, sino que quieren hacerlo. Y esa realidad es la que debe ser regulada, con independencia de seguir luchando contra las prácticas de explotación que suelen vincularse al conjunto del mundo de la prostitución.

Según las últimas encuestas, que datan de 2011, el 39% de los hombres españoles ha pagado en alguna ocasión a cambio de sexo. Aún así se sigue planteando contra toda lógica y sentido la prohibición y penalización de la prostitución como solución, con la esperanza, quizás, de que así la prostitución desaparezca de la realidad. Pero prohibir y penalizar, ocultar y relegar a un último plano, algo que la sociedad demanda jamás ha sido una solución para nada.

Y la sociedad demanda sexo, de una manera o de otra. Sexo literario, cinematográfico, en forma de espectáculo, de fetiches, de página web, de programa de televisión, de libro de autoayuda, de cursillo, de fantasía, de realidad… No importa el modo, la variante o el formato. Esa es la realidad y ocultarla, prohibirla o relegarla a la invisibilidad, no la cambiará.

Como escritora puedo asegurar que, por más imaginación que se tenga, es del todo imposible escribir sobre lo que se desconoce. Y uno no sabe cuánto desconoce sobre el sexo, y todo lo que lo rodea y está relacionado de una manera u otra con él, hasta que indaga en la cuestión abiertamente y dejando de lado los prejuicios.

«Querida, en el sexo, como en la vida, uno nunca deja de aprender o de sorprenderse. Y es mejor así, porque lo contrario quiere decir que vives con los ojos cerrados y te lo estás perdiendo todo».

¿Qué impulsa a una mujer a practicar la prostitución? ¿Y al hombre que contrata los servicios de una prostituta? ¿Qué hay detrás de un show erótico o sexual? ¿Y de una línea erótica? ¿Qué impulsa a la infidelidad? ¿Cómo puede acabar alguien envuelto en prácticas poco ortodoxas, sean del tipo que sean, -y, creedme, hay muchas-? ¿Qué es el sexo espiritual o religioso? ¿En qué consisten las prácticas orientales como el tantra o similares? ¿Y qué hay de la bisexualidad, las relaciones lésbicas u homosexuales? ¿Y el sexo con múltiples parejas? ¿Siempre ha sido igual la prostitución? ¿Todo esto existe sólo en los libros y las películas o también en la realidad?

La mejor respuesta que he obtenido por el momento me la dio un transexual al que entrevisté hace ya algunos años:

ccerveratC. Cervera
Periodista y escritora independiente
www.diariodeunaescritora.com

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