Travestismo: desde el profundo respeto y admiración

travesti shhhhHay temas sobre los que es más sencillo escribir y otros que resultan más complejos. Hoy me toca tratar uno de los que para mí es más complicado, la transexualidad o travestismo. La dificultad viene, por un lado, por el desconocimiento. De todas las cuestiones relacionadas con el sexo en general y con la identidad sexual en particular, la transexualidad es una de las que menor visibilidad tiene, o, dicho de otro modo, una de las que con más descaro son ignoradas por nuestra sociedad. Y aunque en las últimas décadas, obvia y afortunadamente, hemos mejorado mucho en lo que a apertura mental se refiere, aún estamos muy lejos de lo que podría ser un punto ideal de convivencia respetuosa y sin prejuicios. La segunda dificultad con la que me encuentro se deriva de la primera pero va, si cabe, un poco más allá. Se trata en este caso del profundo respeto y admiración que siento hacia ese colectivo y que tiene que ver, directamente, con la gran fuerza y valentía de estos hombres y mujeres para, más allá del rechazo o aceptación social, no sólo aceptarse a sí mismos sino hacerse valer en un entorno que no les pone en absoluto las cosas fáciles.

Al pensar en la transexualidad y tener que enfrentar la cuestión sobre un papel en blanco, sin poder evitarlo mi mente regresa a mi infancia y a los espectáculos para turistas que en aquella época, incluso más que ahora, contaban con transexuales entre sus artistas más destacados, convertidos después en muchos casos en verdaderas estrellas locales en Mallorca. En mi mente, para bien o para mal, transexualidad y mundo del espectáculo van de la mano, aunque con los años he aprendido que esa idea que enraizó en mi cabeza durante la infancia no es tan bonita como puede parecer y tampoco refleja ni de lejos toda la realidad.

Para mí, esas mujeres que, según me explicó mi madre cuando le pregunté, «habían nacido por una confusión de la naturaleza con cuerpo de hombre» y que brillaban como grandes divas sobre el escenario, eran sinónimo de un mundo hermoso, lleno de lentejuelas y plumas, canciones, chistes y turistas divirtiéndose. No cabía en esa imagen idealizada todo el proceso de aceptación de la propia realidad, ni del rechazo social –y en ocasiones también familiar-. La simple idea de que el mundo del espectáculo no era sólo una vocación, sino el único camino, rompía con la historia de cuento de hadas que yo había construido en mi mente. Y no fue hasta muchos años después que comprendí que si muchos, por no decir la gran mayoría, de aquellos hombres y mujeres amenizaban la velada de los turistas en hoteles, salas de fiestas y casinos era porque no les había quedado otra salida si realmente querían poder defender su identidad sexual y vivirla con total libertad. O que, en cualquier caso, la salida que les quedaba era mucho peor y todavía más difícil.

“…no pude sentir más que respeto hacia aquellas personas que, sobre cualquier tipo de prejuicio y limitación social, luchaban por su identidad.”

Fue a partir de entonces cuando, por primera vez, no pude sentir más que respeto hacia aquellas personas que, sobre cualquier tipo de prejuicio y limitación social, luchaban por su identidad, por ser quienes eran y no lo que la sociedad quería que fueran. Y aún así, por más que pueda intentar empatizar con una persona que se enfrenta a tal situación, ni de lejos puedo ponerme en su lugar e imaginarme hasta qué punto es duro el camino, hasta qué punto hace falta fuerza y valor para seguirlo.

Por todo ello, este tema me resulta particularmente difícil de enfrentar y a la vez tentador, en especial por la gran cantidad de preguntas que llegan a surgir al pensar en ello y por el gran desconocimiento sobre la cuestión que hay en nuestra sociedad y que va desde la mera definición de la transexualidad hasta cuestiones mucho más complejas como el proceso médico de cambio de sexo o si es necesario ese proceso, o todos los pasos que implica, para poder hablar de «verdadera» transexualidad.

Por este motivo voy a intentar aprovechar este espacio para aproximarme a la cuestión y, si es posible, arrojar luz sobre el tema, siempre desde la humildad que mi desconocimiento sobre la cuestión impone, y, por supuesto, con el mayor de los respetos.

ccerveratC. Cervera
Periodista y escritora independiente
www.diariodeunaescritora.com

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