Travestis: El “tercer género”, tan antiguo como el hombre

Al hablar de transgénero o transexualidad es común que, por falta de conocimiento y por pura y dura ocultación histórica, se piense en una suerte de «fenómeno» actual, muy ligado a los tratamientos médicos y a las llamadas «operaciones de cambio de sexo». Lo medios de comunicación generalistas tampoco facilitan que se construya una imagen más fiel a la realidad y potencian el cliché en esta cuestión, así como en tantas otras relacionadas con la sexualidad. Afortunadamente, el ciudadano de a pie puede acceder a otras fuentes que, si bien quizás no facilitan toda la información, sí pueden despertar una sana curiosidad. Una de esas fuentes es la literatura.

travestis - el tercer genero

Cayó en mis manos no hace mucho una saga de narrativa histórica, considerada una de las grandes dentro del género, y que estoy devorando con fruición. Se trata de «Los hijos de la Tierra» de Jean M. Auel, cuya primera entrega, «El clan del Oso Cavernario» vio la luz en 1980 y el último libro publicado «La tierra de las cuevas pintadas» salió a la venta en 2011. No obstante, para el tema que nos ocupa, el libro que inspira este artículo es la segunda entrega de esta genial saga ambientada en la Edad de Hielo titulada «El valle de los caballos», pues en ella aparece un curioso personaje muy relacionado con los temas aquí tratados, el Shamud, que, en su primera aparición, es descrito del siguiente modo por Jondalar, el protagonista de la novela:

«La persona en cuestión, objeto sin duda del mayor respeto, tenía un porte sereno, casi regio, pero había en ella algo equívoco, una ambigüedad que Jondalar no acertaba a definir. […] Lleno de asombro, Jondalar se fijó en las circunstancias que rodeaban a la persona misteriosa que esperaba pacientemente frente a él, y trató de encontrar algún indicio del sexo al que pertenecía.

La estatura no servía: era alto para ser mujer, bajo para ser hombre. La ropa amplia y sin forma disimulaba los detalles físicos; incluso el andar dejó perplejo a Jondalar. Cuanto más miraba sin hallar respuesta, mayor era el alivio que sentía. Sabía que había personas así: habían nacido en el cuerpo de un sexo, pero con las tendencias del otro. No eran una cosa ni otra, o eran ambas, y por lo general entraban a formar parte de Quienes Servían a la Madre. Con poderes derivados a la vez de elementos masculinos y femeninos y concentrados en ellos, tenían fama de ser extraordinariamente hábiles para curar». (El valle de los caballos, Jean M. Auel, 1982. Páginas 160, 161)

“el rasgo distintivo de este grupo de personas tiene que ver con la combinación de elementos femeninos y masculinos en un único individuo”

Lo que encontramos en el fragmento anterior es una descripción de lo que comúnmente se ha denominado «el tercer sexo» y que puede rastrearse a través de la historia en todas las culturas y tiempos hasta la llegada e imposición de las religiones abrahámicas en Occidente y buena parte del Medio y Próximo Oriente. Se trata de personas que hoy denominaríamos como transgénero, y que engloban desde la androginia a la transexualidad pasando por la homosexualidad, entre otros. Por lo general, en la antigüedad y en todas las culturas en las que han quedado muestras claras de la existencia de ese denominado tercer género, su principal característica no está relacionada con la orientación sexual y tampoco siquiera con los rasgos o características físicas, aunque ambos pueden ser factores a tener en cuenta al hablar de personas del tercer género. Más bien, el rasgo distintivo de este grupo de personas tiene que ver con la combinación de elementos femeninos y masculinos en un único individuo, ya sean estos físicos o de cualquier otro tipo. Y es, precisamente, esa combinación de elementos lo que no sólo los define como personas del tercer género, sino que los dota a ojos de la sociedad a la que pertenecen de un especial estatus, generalmente ligado, como todo lo relacionado con la sexualidad, a algún aspecto mágico o religioso.

Por supuesto, existen múltiples diferencias entre las diversas épocas y culturas en cuanto al rol social y las funciones dentro del grupo de estas personas del tercer género, aunque no cabe duda alguna de que son conocidas por todas las culturas antiguas. Y, quizás, en la actualidad, lo que más llama la atención es que, generalmente, gozaban de un estatus social especial, eran tenidas en alta estima y solían gozar de una posición importante dentro del grupo, ya que solían estar estrechamente vinculadas con ciertos ritos y creencias religiosas, de un modo muy similar a cómo Jean M. Auel describe en su obra de ficción, claramente basada en la realidad histórica de antiguas civilizaciones, como la Sumeria, de la que ha quedado el testimonio de la existencia de ciertos sacerdotes denominados «assinu», literalmente, hombre útero; la de la antigua India, en la que tenemos testimonio de la existencia de los «Hijra» ya en los textos védicos; los «dos espíritus» de las culturas precolombinas del continente americano, entre otros muchos ejemplos.

“Quizás desde nuestra sociedad y con respecto a todos los temas relacionados con la sexualidad, sería bueno mirar un poco más allá en el espacio y en el tiempo para así poder darnos cuenta de que, tal vez, en realidad, los raros somos nosotros””

El rasgo común en todos los casos, más allá de las características físicas o las tendencias sexuales de las personas del «tercer sexo» en las distintas culturas, es pues el papel relevante que estos individuos tenían dentro de la sociedad, tanto en su aspecto civil como religioso, y que debería, al menos, invitarnos a la reflexión sobre la situación de las personas transgénero en nuestra sociedad y cuál es la razón de fondo tras ella.

La historia, y el conocimiento en general, suele tener la capacidad de hacernos abrir la mente y demostrarnos cómo aquello que a nuestros ojos, cuya mirada está tan medida por nuestro tiempo, puede parecernos extraño, raro o incluso incorrecto, en realidad no sólo no lo es, sino que es tan antiguo como el propio hombre. Quizás desde nuestra sociedad y con respecto a todos los temas relacionados con la sexualidad, sería bueno mirar un poco más allá en el espacio y en el tiempo para así poder darnos cuenta de que, tal vez, en realidad, los raros somos nosotros y el modo de la sociedad moderna de afrontar la sexualidad y su amplia diversidad.

ccerveratC. Cervera
Periodista y escritora independiente
www.diariodeunaescritora.com


  • Responder

    Chupacabras

    6 months ago

    Estuvo padrísimo este análisis histórico/antropológico. El travestísmo o como quiérasele llamar es más antiguo que las mismas faldas o botas. Ya existían estas peculiares personalidades cuando cazábamos venados a pedradas y entonces evidentemente todo tenía una visión muy diferente a la actualidad. Lamento peró que no tendré ni tiempo ni paciencia para leer todos esos libros.

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