Escorts: La ceguera ante la prostitución

putas regularizacion prostitucionCuando alguien habla de la prostitución se suele referir a ella como la profesión más antigua de la historia, olvidando que a su vez también ostenta el récord de ser la más perseguida. Así pues, jamás ha existido legalmente un sindicato, gremio o colegio de prostitutas y ya ni hablar de un curso de formación profesional donde felar bien sea sinónimo de matrícula de honor. Podrían pagar el material escolar solo con los voluntarios que se ofrecerían para las prácticas.

Sin embargo, la solución gubernamental general ante el tema de la prostitución ha sido el de la prohibición, ilegalización o en casos algo más laxos la venda en los ojos. Aunque probablemente a alguno que otro lo de la venda en los ojos le dará morbo. A excepción, eso sí, de países como Holanda o Alemania donde la prostitución es legal e incluso las meretrices pueden inscribirse en la seguridad social.

El problema más grave que tiene la prostitución es la trata de blancas. En resumen, la esclavitud para esas mujeres que están obligadas a prostituirse por un proxeneta explotador. Para solucionarlo, algunos gobiernos como el francés se plantean multar a los usuarios de estos servicios para así disuadir a esos hombres y abocarlos al mundo del cinco contra uno.

Pero esto es como si solucionáramos el problema del trabajo infantil en Bangladesh multando a todo aquel que compre unas bambas Nike en su centro comercial favorito.

“Expertos de salud lo recomiendan encarecidamente porque muchas prostitutas no se atreven a ir al médico precisamente porque entrar en el sistema les puede causar problemas”

Es decir, los gobiernos se lavan las manos y buscan la solución fácil al problema: prohibir y multar. La cuestión es que finalmente ésta no es una solución como siglos de historia demuestran. La prostitución seguirá existiendo porque es un negocio que funciona y sin métodos policiales eficaces la trata de blancas es muy difícil de controlar. Es más, abocar a las prostitutas a la clandestinidad no hace más que agravar el problema, ya que los únicos que pueden poner los medios para que puedan seguir trabajando son precisamente las mafias. Prohibir una acción común y habitual entre la población solo lleva a desastres. Que se lo digan a EEUU y su famosa Ley Volstead (Ley Seca para los amigos) de los años 20.

Por estas razones ya se oyen muchas voces que abogan por la regularización de la prostitución como solución al problema. Prostitutas regularizadas, cotizando en la seguridad social – ahora que más que nunca hacen falta cotizantes – y con una serie de certificados de salud para evitar la proliferación de las enfermedades de transmisión sexual. No hay nada más seguro para una meretriz que un señor con el carnet en la boca y un preservativo en el cimbel. Expertos de salud lo recomiendan encarecidamente porque muchas prostitutas no se atreven a ir al médico precisamente porque entrar en el sistema les puede causar problemas.

Pero por supuesto esto choca con la hipocresía moral de la sociedad que se tapa los ojos ante una realidad social. Mucha gente no es capaz de tener sexo con alguien – o simplemente decide pagar por pereza a la hora de ponerse a ligar – y hay una serie de mujeres dispuestas a satisfacer esa necesidad. Mientras las dos personas lo hagan por decisión propia y en su libertad sexual, ¿qué malo hay en ello? Pregúnteselo a un político.

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