Escorts: Meretrices con título

prostitutas sexo tantricoCuando una disciplina del saber acumula un abundante número de conocimientos, las instituciones se organizan para formar estudios regulados donde acuñar y transmitir la sabiduría adquirida, así como para desarrollar investigaciones al respecto. Ha sucedido últimamente con la informática, que recién llegada a nuestras vidas ya tiene su FP, su diplomatura y su licenciatura. Así sucedió con la psicología hace unas décadas. O con la sociología. Sin embargo el oficio de prostituta, según algunas voces el más antiguo, carece todavía de su Facultad o Escuela.

“…los sexólogos Master & Jonhson, que recomendaban a las parejas seguir las lecciones prácticas de una profesional experta”

Hoy por hoy, para ser puta no es necesario ningún estudio ni ningún conocimiento específico. Se ha abandonado el sector a manos de proxenetas sin preparación. En el peor de los casos en manos de oscuras y peligrosas mafias.

Si las cosas no fueran como son y la prostitución fuese legal y regulada, las meretrices serían profesionales autónomas, asociadas o contratadas. Y entonces quizá fuese una labor con prestigio por su innegable relevancia social, por los pingües beneficios que aporta.

Si estas profesionales pudiesen además acceder a un título oficial que avalase unos conocimientos y pudiesen mostrar su foto en la orla a la entrada del burdel, otro gallo nos cantaría. Y ese gallo tendría un bello cantar porque todos saldríamos favorecidos.

No minimicemos la importancia de un polvo. Aunque sea de pago un polvo tiene el doble poder de sanar o de envenenar. Una prostituta física y psicológicamente habilidosa ayuda a descubrir los caminos del placer, a veces tan tortuosos en los humanos. También puede hundir en la miseria al cliente, haciéndole sexualmente dependiente o enfermando su virilidad con complejos y miedos. Pensemos pues, qué conocimientos debe poseer una ramera debidamente cualificada.

Primeramente debe tener nociones básicas de biología, conocer su propio cuerpo, el funcionamiento general, cómo responde al placer, cómo activarlo y cómo expresarlo. También debe saber sobre el cuerpo de ellos, los mecanismos de la masculinidad, con sus intríngulis y zancadillas de precocidades, impotencias, etc. Lecciones básicas sobre psicología y sobre la historia evolutiva del sexo y el erotismo. Sería magnífico que tuviese la posibilidad de reflexionar, por ejemplo, sobre los escritos sobre la seducción del romano Ovidio, y tener constancia del estudio estadístico de los sexólogos Master & Jonhson, que recomendaban a las parejas seguir las lecciones prácticas de una profesional experta.

Otra asignatura a impartir sería la cultura geisha y sus exóticas artes; y desde luego sería de obligado cumplimiento que supiesen que un día, en la cuna griega de nuestra civilización, la prostitución fue sagrada, respetable y mística.

Sería una carrera con muchas clases prácticas en las que se aprendería de las filosofías orientales tántrica y taoista con sus antiquísimos tratados sexuales, y las educandas estarían dotadas para dar masajes relajantes y estimulantes.

Danza, aromaterapia, musicoterapia, risoterapia, historia de la pornografía, bondage, sado-maso, juguetería, higiene y contracepción, fetichismo y un largo etc. conformarían un currículo extenso e interesante.

Así organizados los estudios no sería un trabajo marginal, lo sería vocacional. Y dejaría de ser exclusivamente femenino. Hombres y mujeres harían cola para matricularse, porque la sexualidad, la sensualidad y el erotismo son artes que bien merecen ser tratadas como dignas disciplinas del Saber.

Susana moo

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